Orar con mis manos.


Jesús, amigo, hermano y Dios mío.
Hoy quiero darte gracias por mis manos.
Esas manos con las que puedo ACOGER
a alguien que me hace sentir contento y feliz.
Esas manos con las que puedo AYUDAR
cuando alguien necesita de mí.
Esas manos con las que puedo HACER LAS PACES;
con las que puedo DAR y ser generoso con los que me rodean;
con las que puedo PEDIR AYUDA,
cuando lo necesito.         
Esas manos con las que puedo ABRAZAR a las personas que más quiero,
con las que puedo consolar
a los que están tristes o lloran.
Esas manos con las que puedo JUGAR a mil juegos
Esas manos con las que puedo ACARICIAR
las mejillas de mi abuela o de mi madre…
¡Cuántas cosas buenas puedo hacer
con mis manos, Jesús!
Seguro que aquí no las he puesto todas,
y quedan muchas por decir…
¡Qué bien me siento, Jesús,

cuando uso mis manos de esa manera!